Divide la ruta en jornadas amables, equilibrando distancia, desnivel y puntos de acceso al transporte público. Estudia mapas de la Senda Litoral, localiza pasarelas y puentes, y ten un plan B si el viento arrecia. El cercanías conecta Málaga con Fuengirola, mientras buses cubren Mijas, Marbella, Estepona, Vélez-Málaga y Nerja. Descarga tracks, marca fuentes y supermercados, y concede margen para playas que, de repente, te invitan a quedarte diez minutos más, fotografiar espuma, o simplemente escuchar gaviotas.
La primavera regala flores entre dunas y temperaturas suaves, mientras el otoño pinta cielos nítidos y atardeceres larguísimos. En verano, empieza temprano, busca sombras y descansa al mediodía. El levante aporta humedad y oleaje vivo; el poniente refresca y despeja el horizonte. Aunque el Mediterráneo tenga mareas discretas, conviene revisar oleaje para pasos rocosos. Lleva sombrero, crema solar alto SPF, y bebe con frecuencia. Incluso en invierno, la luz clara anima a moverse, capturando ese brillo invernal que hace irresistible el paseo.
Opta por zapatillas transpirables con buena sujeción, calcetines técnicos y una mochila ligera con agua, protección solar y cortavientos. Añade gafas polarizadas para leer el mar sin deslumbrarte y un pequeño botiquín con tiritas y sales de rehidratación. Un móvil con batería extra y modo avión en pausas alarga la autonomía. Si te gusta fotografiar, un mini trípode cabe en cualquier lateral. Y, sobre todo, espacio para ilusión, porque cada faro y mirador te recordará que el equipaje más útil es la curiosidad.
Programa tus llegadas a faros y miradores para coincidir con luces mágicas. En dorada, pieles cálidas y sombras suaves; en azul, faros encendidos y cielo profundo. Un mini trípode ayuda con largas exposiciones, y un filtro ND suaviza el oleaje. Cuida el horizonte nivelado y juega con diagonales del paseo. No invadas escenas íntimas: pregunta antes de retratar. Y, cuando las condiciones no acompañen, experimenta con blanco y negro, encontrando texturas en la espuma, la madera y la roca paciente.
En Mijas, un pescador me explicó el idioma del viento: si el levante regala olor a algas fuertes, prepara redes diferentes; si el poniente aclara el agua, busca boquerones en cardúmenes brillantes. Su relato acompañó kilómetros de pasarela, recordándome que cada tramo tiene voces. Anótalas: la risa infantil que persigue olas, la señora que entrena pasos, el jubilado que compara amaneceres. Al compartirlas, invitamos a otros a caminar, suscribirse, comentar y devolver al camino lo que generosamente ofrece.