Antes de salir, consulta tablas fiables y observa el cielo: una marea baja amplia abre pasos entre rocas; una alta impone paciencia y rutas alternativas. Planifica ventanas de luz suave para evitar calor, ganar colores honestos y disfrutar del rumor sin prisas innecesarias.
Muchos accesos son servidumbres históricas o callejones estrechos entre casas. Aparca lejos, sin bloquear portones ni caminos agrícolas, y termina a pie con calma. Un saludo amable y horarios respetuosos abren puertas invisibles y reducen tensiones que empañan cualquier aventura junto al mar.
Descarga mapas y capas topográficas para usarlas sin cobertura, marca puntos de escape y guarda pilas en modo avión. Una brújula sencilla evita dudas en la niebla salina. Lee formas del terreno, escucha el oleaje y decide siempre con margen, nunca apurado.
Entre Nerja y La Herradura, balcones naturales asoman sobre aguas turquesa protegidas. Pasarelas de madera, túneles de roca y miradores discretos permiten alternar esfuerzo y descanso. Evita horas centrales, respeta zonas de nudismo ocasional y celebra el baño únicamente cuando el oleaje lo permita.
Un camino sencillo junto a viviendas abre vistas poderosas y pequeñas grutas. Ideal para tardes sin prisas, con helado al final. Atención a bicicletas y a oleaje que salpica el paseo inferior; si el mar ruge, el sendero alto es la elección.
Dunas móviles, pasarelas elevadas y un faro cercano proponen un paseo amable con sorpresas. Entre pinos y arenas claras aparecen calas resguardadas del viento. Señalización clara ayuda a no pisar vegetación frágil. Perfecto para familias curiosas que disfrutan combinando juego, brisa y horizonte.